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Mi primer acoso

Mi primer acoso ocurrió cuando estaba en preescolar, a principios de los noventa.

En ese entonces, si no jugábamos las Tortugas Ninjas o el anda-anda en el patio, nos escondíamos en el recreo debajo de las mesas donde jugaban las niñas y les levantábamos las faldas. En respuesta, ellas nos pateaban o golpeaban con unas escobas de esas para jugar a la casita -porque cada quien asumía perfectamente su rol impuesto- hasta que llegaba la profe a sacarnos. Tenía yo como 4 o 5 años.

Luego de eso, estoy seguro que en mi adolescencia más que alguna cosa le habré dicho a las chavalas que veía pasar en la calle, en mi adolescencia o cuando estaba con los broderes del barrio. La presión social, dirían algunos, pero igual no justifica lo que hice/dije a una que otra mujer, que probablemente me habrá visto con cara de “y-vos-tan-chiquito-qué-vas-harías-conmigo-si-te-hago-caso”.

Pero la verdad es que nunca me nació eso de decirles cosas a las mujeres. No por respeto, sino porque me daba pena. Tal vez por eso mi acoso ha sido fundamentalmente visual, pues confieso que he desnudado con la vista a más de alguna maje guapísima que pasa frente a mí en el bar o la calle, procurando la mayoría de las veces que no se de cuenta ella o quienes están a mi alrededor.

También he sufrido acoso, en diferentes escenarios y tanto de mujeres como de hombres, pero no tan graves como las cosas que he escuchado de amigas y conocidas.

Hoy en día, agradezco esa pena que no me permitió gritarles cosas feas a las mujeres. Esa pena -y algunos cientos de horas de capacitación- me han hecho percatarme de que no somos perfectos, que erramos, pero que también podemos ser mejores.

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Publicado por

Rodrigo Rodríguez

Sociología. Comunicación social. Entusiasta TIC (adicto y paranoico). Activista del #SoftwareLibre. #BerenjenaLover. Cleterx. Me gusta desarmar cosas.

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