Pedalear para existir

En febrero del 2016 empecé a andar en bicicleta… en Managua. Digo “empecé” porque aunque el aprendizaje ya lo tengo -y nunca se olvida- la experiencia regresa como una primera vez en la vida.

Hoy puedo decir que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en los últimos años, y los frutos todavía no han terminado de salir… 🙂

Dice Andrei Vásquez en el documental No son las bicicletas que “la única manera de existir es tomando el control de tu bicicleta; tomando el control de tu vida” , y yo no puedo estar más de acuerdo con él, porque pedaleando he descubierto que solo con mi propio esfuerzo puedo llegar adonde quiero.

A veces me canso -lo confieso- pero la alegría de encontrarme cosas nuevas con cada pedaleada me motiva más que nunca, y sobre todo, saber que si quiero llegar adonde voy, tiene que ser con mi propio esfuerzo y el de nadie más. Y eso es lo más gratificante que he encontrado en mi vida…

Así que les invito hoy a sacar su cleta, pedalear las calles y descubrir una nueva ciudad.

#infiniteHT para lo inopinable

Propongo #infiniteHT en Twitter para esas cosas que encontrás en Internet y sobre las que no sabés qué opinar.

Véase, por ejemplo este caso:

¿Qué pensar sobre esto?

He aquí las dudas que surgieron sobre qué hashtag poner ante el enlace compartido:

  • ¿Qué se hizo ese artículo del END al que hace referencia el artículo?
  • ¿Quién es Ariel Bravo?
  • ¿Quién escribió ese artículo en END?
  • ¿Cuál es ese artículo de opinión del autor de la nota?
  • ¿Qué música le gusta ahora al joven periodista de END?
  • ¿Quién escribió ese artículo para El País Digital?
  • ¿Por qué ese artículo está en un en un micrositio de la Universidad de Delaware?
  • ¿Quién hizo ese microsite?
  • ¿Y cuándo lo hizo? ¿Hace cuánto? ¿Y por quéeeee?

Managua is my big apple

Managua is my big apple.
My one and only one.

I don’t need New York to love you.
I’ll just keep with my big city apple.
My rotten city apple. Big apple.

You can fall in love in the big city.
Or you just can fall. You can’t love my big apple.
But you can fall in love in my big apple. Rotten love.

Let’s fall in love in my Big Apple.
My beautiful and rotten apple: Managua.

El taxista

Las calles de Managua, al anochecer, son como las calles de cualquier pueblo, no importa su tamaño. Los perros deambulan por las calles como Pedro por su casa. Y así como los perros, deambulaba aquel taxista recogiendo posibles víctimas de un accidente de tránsito, entre otras catástrofes que puede esperarte la historia serena.

Aquella noche pretendía ser la misma: las calles desiertas, las casas fantasmas y los perros compitiendo con la infinita cantidad de taxis no disponibles para hacer el viaje por el lado oeste de la ciudad. Hay algunos aventureros que, sin vida que les importe, sin nada que perder, echan cualquier viajero y hacen cualquier viaje como si fuera el último. Esas son las personas que uno suele reconocer como verdaderas: las que viven sin preocupaciones, manteniendo el presente como frente de guerra, dispuestos a morir contra el tiempo hacedor de la historia, en el segundo más próximo que pueda herir su existencia. Aquel taxista era mucho más que esas personas, pues no solo se ganó mi respeto, sino también mi miedo.
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